Brooklyn Follies, de Paul Auster

“Intenta encajar los golpes. Lleva la cabeza alta. Que no te tomen el pelo. Vota a los demócratas en todas las elecciones. Pasea en bici por el parque. Sueña con mi cuerpo inigualable y perfecto. Toma vitaminas. Bebe ocho vasos de agua al día. Apoya a los Mets. Ve mucho al cine. No te mates a trabajar. Haz un viaje conmigo a París. Ven al hospital cuando Rachel tenga el niño y coge en brazos a mi nieto. Cepíllate los dientes después de cada comida. No cruces la calle con el semáforo en rojo. Defiende al débil. Hazte valer. Recuerda lo hermosa que eres. Acuérdate de lo mucho que te quiero. Bebe un whisky con hielo todos los días. Respira profundamente. Mantén los ojos abiertos. No comas grasas. Sueña el sueño de los justos. Recuerda cuánto te quiero.”

No son pocos los filósofos que han reflexionado sobre los conceptos de la felicidad y la tristeza, igual que la fortuna y la desgracia. Hay algunos, como Aristóteles, que creyeron que la felicidad era el fin último, el bien supremo, y se accedía a ella a través de la virtud. Él creía que se podía acceder a la felicidad completa a través de la razón y el intelecto. El libro que os traigo hoy demuestra que no es así, que la felicidad es escurridiza y camaleónica, que uno nunca la alcanza del todo, solo se puede llegar a rozarla con los dedos, y es posible acercarse a ella a través de los detalles. 
Conocemos a Nathan Glass, un vendedor de seguros jubilado de sesenta años que se muda a Brooklyn, lugar donde pasó su infancia. Después de sobrevivir a un cáncer de pulmón, a un duro divorcio y a una fuerte discusión con su única hija se instala en un pequeño piso con el firme propósito de morir en paz y sin molestar a nadie. Mientras esto no sucede se dedica a escribir El libro del desvarío humano, en el que relata todo lo que sucede a su alrededor. Sin embargo, su vida no tardará en tomar un rumbo inesperado. ¿Qué es exactamente lo que hace que Nathan se aleje de la muerte en vida en la que se había instalado para acercarlo al lado más radiante y esencial de ella? ¿Qué hace que Nathan pase de sufrir la vida a vivirla? ¿Quizás la joven camarera latina de la que se enamora en el bar del barrio? ¿Quizás se trata de Tom, su sobrino, que pasó de ser un estudiante brillante y prometedor a un resignado y solitario conductor de taxi? ¿O quizás es Harry Brightman, un culto y misterioso homosexual que regenta una librería de segunda mano? Quizás no es algo o alguien en concreto, sino un seguido de follies, locuras, que se suceden en la vida de Nathan en Brooklyn.
Fue la reseña de Meg (que lo calificó como el mejor libro que había leído del año) la que me hizo poner este libro en mi lista de lecturas potenciales, pero ha sido el reto de Serendipia (a través de esta recomendación) el que ha hecho que lo lea de una vez. Y a las tres se lo agradezco enormemente porque me han permitido estrenarme con Paul Auster a través de una novela que sencillamente me ha encantado.
Es una novela fácil y rápida de leer que brilla por su originalidad (que, por lo que sé, no es ni más ni menos que el estilo Auster). No sigue una dirección argumental única, sino que a través del protagonista y narrador se expande a través de los otros personajes por igual y a la vez. Paul Auster sabe cómo sorprender al lector, y lo hace continuamente tomando derroteros inesperados que no encajan con los esquemas clásicos (y muchas veces predecibles) en los que se asientan la mayoría de novelas. Un ritmo tan caótico y sorprendente como la vida misma.
Sin embargo, lo más destacable es la evolución de Nathan, que pasa, junto al lector, de una indiferencia melancólica, pesimista y desilusionada a esa felicidad imperecedera de la gente mayor, observadora y empática que busca la felicidad en las cosas pequeñas y ayudando a la gente que se halla perdida. Y este impresionante cambio se forma a través de los caprichos del destino, de las buenas y las malas noticias, de personas que entran en nuestras vida sin avisar y por casualidad y lo revuelven todo de arriba abajo.
Si tuviera que resumir a Brooklyn Follies en un concepto sería la vida. La vida, con sus giros inesperados, con sus casualidades, con nuestros pasos, nuestros actos y sus consecuencias, las injusticias, las lecciones, la felicidad y la tristeza como el sol y la luna, tan cerca y tan lejos la una de la otra, ambas igual de esenciales y necesarias. La insondable vida, que, aunque ya habré nombrado nueve veces en esta reseña, no es algo que se pueda describir, sólo se puede vivir.
Y vosotros, ¿habéis leído a Paul Auster? ¿Qué os pareció?
¿Qué estáis leyendo ahora?

13 comentarios sobre “Brooklyn Follies, de Paul Auster

  1. Ya conoces a uno de mis autores favoritos. Mi autor favorito y esta, una de sus mejores novelas, la leí hace muy poco, pero como siempre: fantástico. Y eso que no sabría decirte las razones por las que me gusta ya que siempre deja un cierto regusto amargo.
    Gracias por la reseña. Saludos.

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  2. Quiero leer algo de Auster de una santa vez, porque es de esos autores que no me puedo creer que no me haya leído, y creo recordar que esta es una de las que tenía marcadas como posibilidades para leerlo. Y si no era esta, pues ahora se suma a la lista, porque me ha gustado mucho lo que cuentas de ella 😀

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  3. “Brooklyn follies” sigue siendo uno de mis libros favoritos. Lo fue en 2014, cuando lo leí, y continúa siéndolo.

    Para mí representa esa ilusión de cuando abres un nuevo libro, esperas encontrate magia y, de hecho, la encuentras.

    ¡Me alegro de que te haya gustado mi recomendación!

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