La lucecita, de Antonio Moresco


“Sólo cuando la oscuridad se hace aún más densa y empiezan a iluminarse las primeras estrellas, al otro lado de esta estrecha garganta cortada a plomo, en un trecho más llano de la cresta  de enfrente, hundido entre los bosques como una silla de montar, cada noche, cada noche, siempre a la misma hora, de repente se enciente una lucecita”.

Hay libros cuya sinopsis ya te atrapan. Con La lucecita me sucedió exactamente esto. No conocía  su autor, Antonio Moresco. Tampoco la portada ni el título me llamaron la atención. Sin embargo, al leer la contraportada una parte de mí se sacudió y exigió entrar en el mundo que, intuía, contenía esta novela. Así, corrí a la librería que tenía más cercana y me hice con él. Hoy os traigo La lucecita, de Antonio Moresco.


Conocemos al narrador y protagonista de esta historia, un hombre solitario del que no conocemos el nombre que se retira a una remota región montañosa, en una aldea abandonada donde él se convierte en su único habitante. Desde la primera página comparte con el lector su deseo de desaparecer en el silencio de esas tierras reconquistadas por la naturaleza. Sin embargo, su rutina plana y previsible se ve interrumpida cuando, en la oscuridad de la noche, vislumbra una lucecita en la montaña de enfrente. ¿Qué es esta lucecita? ¿De dónde viene?

Esta misteriosa lucecita, cual luz verde para Gatsby, es el núcleo de este relato que, con ciento setenta y seis páginas, se lee en una tarde. Sin embargo, es una historia que pide ser leída tranquilamente e incluso en voz alta, saboreando cada descripción y cada reflexión. Este libro sabe crear una atmósfera suave, llena de paz y tranquilidad. El narrador, en busca del orígen de tan enigmática lucecita en un territorio completamente abandonado por la raza humana, cruza los bosques densos e infinitos, habla con animales silvestres con los que se cruza; el lector vive una exaltación de la naturaleza que contribuye a crear este mundo tan salvaje como pacífico.

Y tenemos el objetivo, la lucecita omnipresente. ¿Nuevos vecinos? ¿Extraterrestres? ¿Dios? ¿Qué es? El relato se desarrolla en un tiempo presente que incita a vivir los acontecimientos al mismo momento en que los vive el narrador. Y, cuando se resuelve el misterio de la lucecita, otro misterio coge el relevo y el lector sigue los pasos del protagonista sin preocuparse de la realidad, concentrados completamente en este pequeño cuento libre de toda atadura o dirección preestablecida. Hubo momentos en que la historia, tanto por la forma de narrar plácida y sosegada como por cierto personaje, me acordé de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

La lucecita es un relato de fantasmas, aunque completamente diferente al relato de fantasmas al que estamos acostumbrado. Lo acabo con la sensación de no saber si me ha gustado o no. Por un lado es una historia sin dirección clara, sin intenciones, sin objetivo alguno, lleno de incertidumbres. Por el otro es corto pero intenso, sin límites, que explora, impredecible, imperturbable, crea una atmósfera de paz, armonía, sosiego y silencio que el lector puede necesitar como un baño caliente después de una semana agotadora. No sé si recomendarla o no, lo que convierte esta reseña en inútil, sin dirección, sin intenciones, sin objetivo alguno, exactamente como este libro. Pero si, aun así, sentís que necesitáis leer este libro, tal y como yo lo sentí, id hacia la lucecita.

9 comentarios sobre “La lucecita, de Antonio Moresco

  1. Hoooola *3*
    Confieso que me estoy apuntando todos los libros que lees —¡me encanta que no sean obras muy conocidas! No obstante, eso significa que mi lista de pendientes está creciendo, y, en parte, tú eres el culpable. Espero que puedas dormir por la noche; espero que puedas dormir con esto. u.u
    Abracitos! :3

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  2. Hola! Me da la impresión de que es el tipo de libros que puede gustar si se logra comprender su real significado o no gustar, así de sencillo, y a decir verdad este tipo de libros me llaman mucho, no porque siempre logre entenderlos sino porque me gusta ese sentimiento que queda después de terminarlo. Así que lo añado a mis pendientes, no sé si logre conseguirlo pero me gustaría pensar que sí.

    Saludos! 🙂

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  3. Vaya por Dios, con lo enganchado que me tenías, a punto ya de apuntármelo por lo sencillo y original del planteamiento, y llego a ese “No sé si me ha gustado o no”. Me he quedado con los brazos colgando. Ahora ya no sé qué hacer.

    Un abrazo 😉

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