Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza

 

Querida A.,

Supongo que lo habrás visto en las noticias. Casi estoy viendo cómo al principio escuchas distraída la noticia, fijas tu mirada en la pantalla cuando escuchas el nombre de la ciudad en (y de) la que nos enamoramos y finalmente te tapas la boca con las manos. Es la impotencia lo que te hace temblar, y todos hemos temblado estos últimos días por esta sensación. Siempre nos quejábamos de la gente que llenaba las Ramblas, echábamos de menos una Barcelona tan bella como la de hoy pero sin estar tan superopoblada, tan “superturistizada”, tan invadida por multinacionales que engullen a los comercios tradicionales. En fin, una Barcelona que probablemente no haya existido nunca fuera de nuestra imaginación. ¿Pero no te ponen la piel de gallina las fotografías con las Ramblas vacías, con un desorden sórdido y un silencio escalofriante que son las cenizas de un caos muerto? Me viene a la cabeza Joseph Conrad, “¡El horror, el horror!“, me viene a la cabeza Joan Sales, “l’obscè i el macabre“, me viene a la cabeza Federico García Lorca, “con un cuchillo, con un cuchillito que apenas cabe en la mano, pero que penetra fino por las carnes asombradas, y que se para en el sitio donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito“.

Cataluña vivió sumida en el caos y el temor durante al menos un día. Atropellamientos en Ramblas, apuñalamientos en Cambrils, rumores de más tiroteos en el arco de Triumfo, en el Corte Inglés… El país entero temblaba de miedo, no veo por qué negarlo, el pánico se expandió por doquier a través de las telenoticias, a través de las redes sociales, a través de las llamadas preocupadas, se propagaba por todos lados y a la velocidad del rayo. Todo el país calló, todo el país se tapó la boca con las manos como tú, horrorizada, indignada, asustada. Impotencia. Miedo. Miedo por perder nuestras libertades, miedo a la muerte, miedo a la crueldad de la humanidad, miedo a que alguna de las víctimas sea tu madre, tu padre, tu hermano, tu hermana, tu hijo, tu hija, tu vecino, tu vecina, tu compañero de piso, de trabajo, de escuela… Luego el miedo se convierte en rabia, rabia por los que manipulan a los autores de los hechos a través de internet, aprovechándose de sus vulnerabilidades o directamente de su falta de juicio, animándole a matar cuanta más gente mejor, rabia por cómo distorsionan una religión para que juegue a favor de sus intereses oscuros, rabia por los criminales que se han convencido que algo, un mensaje de terror para el mundo occidental, una misión de Dios, lo que sea, vale más que una sola vida inocente. Rabia por los que graban en vez de ayudar, rabia por los medios que no colaboraban con la policía, rabia por los medios morbosos e indecentes que publican imagenes explícitas de las víctimas.

Pero de repente la rabia desaparece en un mar de luz. La policía, unos verdaderos profesionales, actuando de manera organizada, eficiente y sin sembrar el pánico en ningún momento, gente ofreciendo hogares y comida a quienes lo necesitan, intérpretes ofreciendo sus servicios para hacer sentir menos solos a los turistas, taxis conduciendo gratuitamente a quien quiera desplazarse por la Ciudad Condal, los vigilantes del aeropuerto desconvocando la huelga inmediatamente, enfermeros y enfermeras poniéndose en peligro para ayudar a los heridos, colas infinitas para donar sangre en todos los hospitales, Twitter siendo invadido por miles y miles de gatitos para tapar la indecencia de algunos medios y usuarios y facilitar así la labor de la policía, una unidad política sin precedentes -izquierdas y derechas, unionistas e independentistas- para condenar los hechos acaecidos, Plaça Catalunya completamente inundada por un lago de ojos desafiantes, bocas que nadie va a conseguir callar nunca, y de repente este lago se derrama por un lado de la plaça y se forma un río que baja por las Ramblas. Un río de pies pisando fuerte, de manos aplaudiendo, un río que recupera las Ramblas para devolverlas al mundo libre. El dulce caos que suele reinar Barcelona se detuvo de repente, todo el mundo se coordinó al acto para responder con una sola voz, un solo grito que desgarró el silencio de miedo, de pánico y de rabia, contra la barbarie. Y pienso que Barcelona es esto, Barcelona es libertad, lo ha sido siempre, incluso bajo los regímenes más temidos y crueles. Barcelona, “archivo de la cortesía, albergue de los estranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes“. Barcelona es un chico rebelde, soñador, desordenado, risueño, generoso y de mente abierta que nunca se rinde por las cosas en las que cree, que tiene buenas ideas, que se mete constantemente en problemas por su incapacidad de mantener la boca cerrada ante las injusticias. El miedo ha desaparecido. La rabia se ha transformado en coraje para unir esfuerzos y construir un mundo mejor.

Créeme A., las Ramblas volverán a llenarse de rosas y libros el día Sant Jordi, volverán a oírse las risas por las calles y avenidas de Barcelona, volverá a brillar la ciudad bajo la luz de la lluna. Eduardo Mendoza, recientemente premiado con el Cervantes, es quizás el escritor de ficción que ha observado más la ciudad de Barcelona en sus novelas y el que, a mi parecer, encarna este espíritu humorístico que, después de una tragedia como esta, apetece tanto leer para cicatrizar las heridas que han provocado unos criminales sin corazón. El humor, la risa, tiene una fuerza imparable, la Historia nos lo ha confirmado múltiples veces. Uno de los atentados de Estado Islámico en Francia fue dirigida a la revista satírica Charlie Hebdo. Las bandas terroristas necesitan aterrorizar para seguir existiendo, el humor les repele, les es contrario, pues el humor, las risas, suprimen el terror, el miedo, el pánico. El humor, aunque parezca banal y endeble, es una fuerza inexpugnable.

En Sin noticias de Gurb dos extraterrestres aterrizan en la Tierra, específicamente en Sardanyola, con la misión de estudiar y analizar el comportamiento de los habitantes del planeta. Se encuentran con una ciudad caótica, desordenada, ocupada en reconstruirse, reorganizarse y embellecerse para acoger los Juegos Olímpicos. La época dorada de la Ciudad Condal. Uno de los extraterrestres, llamado Gurb, sale a explorar adoptando la forma de la cantante Marta Sánchez (previa consulta del CATIFA, es decir, el Catálogo Astral Terrestre Indivativo de Formas Asimilables) con el objetivo de “no llamar la atención de la fauna autóctona (real y potencial)”, mientras que su jefe, el narrador sin nombre, se queda coordinando la misión desde la nave. El problema llega cuando en plena exploración, a partir de las 07.23, el narrador deja de tener noticias de su compañero y se verá obligado a salir en su busca, adoptando para tal misión la forma del conde-duque de Olivares.

El libro, con menos de ciento cincuenta páginas, es el exhaustivo diario por horas del extraterrestre que, siendo el jefe de la misión, recorre Barcelona en busca de su subordinado, Gurb:

21.45. Me pongo el pijama. La ausencia de Gurb pesa en mi ánimo. Después de pasar juntos todas las veladas desde hace 800 años, no sé cómo matar las horas que preceden al sueño. Podría ver la televisión local o leer una entrega de las aventuras de Lolita Galaxia, pero no tengo ganas. No me explico la ausencia de Gurb, y menos aún su silencio. Nunca he sido un jefe intransigente. Siempre he dejado a la tripulación, es decir, a Gurb, plena libertad para entrar y salir a su antojo (en horas de permiso), pero si no viene o sabe que va a llegar tarde, lo menos que podía hacer, por consideración, era avisar.”

En esa aventura en busca de Gurb le acontecen a nuestro pobre protagonista todo tipo de peripecias, a cada cual más grotesca; desde cuatro atropellos sucesivos en Paseo de Gracia hasta caídas en distintas zanjas abiertas. El extraterrestre se pasea desorientado y perdido por la ciudad adoptando distintas formas, desde Gary Cooper hasta Mahatma Gandhi. Las situaciones absurdas se van sucediendo e incluso nuestro alienígena protagonista empieza a frecuentar comercios e incluso hace amigos, adoptándose cada vez más a la extraña forma de actuar y vivir de la terrícola especie humana. Con la ausencia de Gurb, que hasta ahora se había encargado de todas las tareas, desde poner en marcha la nave hasta relacionarse con los demás, su jefe se ve obligado a afrontar todas las dificultades de la vida, que incrementan exponencialmente al encontrarse en un planeta diferente al suyo como lo es la Tierra.

Eduardo Mendoza encuentra el humor en lo absurdo. Te reconozco que no es mi tipo de humor predilecto, pero es imposible que algunos momentos de la lectura no te saquen una sonrisa. No puedo evitar reflexionar sobre qué habría pensado un extraterrestre -Gurb o su jefe- si al aterrizar a la Tierra por primera vez viera cómo los humanos, que tenemos la suerte de vivir en tan bello planeta, nos matamos entre nosotros. ¿Cuál sería su diagnóstico, su conclusión, al ver lo que pasó el otro día en las Ramblas? ¿Qué pensaría de cómo está actuando la Unión Europea con los refugiados, que precisamente huyen de este horror? Quizás haría media vuelta y buscaría vida más inteligente en otros remotos planetas. Porque estoy seguro que si su especie ha desarrollado la tecnología suficiente como para viajar por el espacio es porque no ha perdido el tiempo matándose entre ellos por cualquier razón absurda.

Siempre tuyo,





P.S. Quizás estas reflexiones son absurdas. Seguramente. Quizás aún esté demasiado afectado por todo lo que ha pasado para hablar de ello. Pero he pensado que esta novela de humor y con Barcelona como escenario es perfecta para sacarnos de encima el miedo a base de risas. Aunque no es miedo lo que siento ahora mismo. Siento rabia por la inhumanidad de estos criminales, pena por sus víctimas, orgullo por la solidaridad de algunos, vergüenza por la desvergüenza de otros, fraternidad hacia la mayoría de musulmanes que sienten repulsión por estos actos terroristas. Pero no les daré lo que quieren de mí. No les daré mi pánico, no les daré mi odio. No, no tengo miedo, no tinc por.

#NOTINCPOR

 

 

FICHA DEL LIBRO
Título: Sin noticias de Gurb.
Autor: Eduardo Mendoza.
Editorial: Seix Barral.
ISBN: 9788432207822.
Páginas: 143
Precio: 14€

TE GUSTARÁ SI TE GUSTÓ
La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.
Los papeles póstumos del Club Pickwick.

OTROS LIBROS DEL AUTOR EN TROTALIBROS
El misterio de la cripta embrujada.
El laberinto de las aceitunas.
La aventura del tocador de señoras.

5 comentarios sobre “Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza

  1. No son absurdas, amigo mío. Pronunciar el nombre de Eduardo Mendoza es pensar en Barcelona, pues muchas de sus historias transcurren por las calles de mi ciudad. Y mientras te leía, pensaba que yo también echo de menos esa ciudad de los barceloneses, esa que ahora compartimos con tantísimos turistas. Cuando era pequeña, algunos domingos, iba con mi familia a pasear por las Ramblas. Ahora me resulta impensable, apenas se puede caminar. Y, sin embargo, había algo más terrible que compartir nuestra ciudad con los millones de turistas. Había algo infinitamente más terrible y no se nos pasó por la cabeza. Ahora el lamento por el espacio compartido con la multitud de visitantes parece apenas una trivial anécdota, qué idiotas fuímos al quejarnos de ello.
    Me alegra mucho que hayas pensado en Gurb y en Mendoza para este bonito memento por Barcelona. “Sin noticias de Gurb” es un libro divertidísimo que recomiendo mucho para regalar, sobre todo si se le quiere hacer un regalo literario a alguien que no es lector habitual. Y es que me recuerda, como tú apuntas, a esos Sant Jordi de Ramblas llenísimas, cuando los lectores nos quejamos de compartir esa fiesta con los turistas de la literatura, los no lectores habituales. No nos quejemos más y seamos generosos. Compartir es el inicio del respeto y la convivencia. Un abrazo.

    Me gusta

  2. No a todo el mundo gusta el humor de Mendoza. A mí sí. Esta novelita muy especialmente. Pero también el resto de sus libros, sobre todo esos que protagoniza su desmadrado y absurdo “detective”.

    Además, Mendoza tiene otra serie de libros serios. Muy especialmente “La verdad sobre el caso Savolta” (el primero que publicó) y “La ciudad de los prodigios”. Si alguien quiere leer un libro de amor a una ciudad, debe abrir este último.

    Naturalmente, Barcelona volverá a abrir sus avenidas, su corazón y sus comercios. Es lo que debe ser. Ya no seremos los mismos, pero la vida debe abrirse paso y Cataluña recuperar esa palabra tan maravillosa y tan intraducible: el seny. Creo que Mendoza es de los que mejor la entienden.

    Me gusta

  3. Hola, soy nueva seguidora y me quedo por aquí porque lo que voy leyendo de tus entradas me ha gustado! Qué lástima haberme perdido tu super sorteo, pero bueno, gracias a él estoy aquí! De acuerdo totalmente con el inicio de tu entrada, no tenemos miedo! En cuanto a la novela, recuerdo haberla leído hace bastantes años y no me desagradó, me pareció curiosa y me sacó alguna sonrisa que otra! Si te apetece pasarte por mi blog estaré encantada, tengo un poco de todo, pero usualmente hago reseñas!

    Me gusta

  4. Este fue el primer libro que leí de Eduardo Mendoza, yo debia tener unos 15 años y recuerdo partirme de la risa en mi cama por las noches mientras lo leía. Después lo he vuelto a coger, y aunque se nota que ha perdido un poco del encanto inicial, me sigo riendo muchísimo en algunos pasajes.

    Es un libro más que recomendable, y como bien dices, en estos momentos de oscuridad, lo mejor es demostrar que no tenemos miedo y que nos vestimos con nuestra mejor sonrisa para combatir a esos descerebrados.

    Un saludo

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s