Los restos del día, de Kazuo Ishiguro

 

Querida A.,

Últimamente pienso mucho en quién soy, en quién quiero ser, en cuáles son mis principios y si éstos están por encima de todo, también de mis ambiciones y mi carrera profesional. Antes, cuando estudiaba, me encantaba discutir sobre política y filosofía con mis compañeros de la facultad. Sin embargo ahora, ya inmerso en el mundo laboral, el mundo “real” que diría mi padre, opinar libremente sobre según qué temas te puede acarrear perder tu empleo o arruinar tu carrera. Y esto me entristece. Sé lo que piensas. Incluso sé que ahora estarás sonriendo, negando suavemente con la cabeza y susurrando que siempre seré un inocente, un soñador, un idealista, un romántico. Seguramente estás en lo cierto, pero me entristece verme obligado a dejar de lado mis principios en pos de mi carrera profesional. Con estos dilemas en la cabeza y en el corazón he empezado a leer Los restos del día, de Kazuo Ishiguro, que ganó la semana pasada el Premio Nobel de Literatura.

“Cada vez parece más probable que haga una excursión que desde hace unos días me ronda por la cabeza. Lo haré yo solo, en el cómodo Ford de mister Farraday. Según la he planeado, me permitirá llegar hasta el oeste del país a través de los más bellos paisajes de Inglaterra y seguramente me mantendrá alejado de Darlington Hall durante al menos cinco o seis días.”

En esta novela conocemos a Stevens, un hombre que ha dedicado toda su vida a servir “con dignidad” como mayordomo en Darlington Hall, una mansión victoriana localizada en Oxfordshide. Atrás han quedado los tiempos en los que los formalismos y la elegancia eran fundamentales en el día a día de las grandes familias inglesas, atrás han quedado los tiempos en los que el servicio de la casa estaba compuesto por innumerables servidores. La guerra se llevó el mundo de Stevens, quien ha sido traspasado juntamente con la mansión a su nuevo señor, un norteamericano, John Farraday. En el verano de 1956 Farraday, antes de irse a su tierra natal durante una temporada, le ofrece a Mister Stevens unos días de descanso y su coche para que conozca “las bellezas que encierra su país”. Por primera vez en muchos años Stevens se ve alejándose del epicentro de su vida, de Darlington Hall. Con su elegante Ford, debido al cual todo el mundo lo toma como un señor, emprende un viaje hacia Cornualles para visitar a la antigua ama de llaves, miss Kenton, con quien mantiene correspondencia, para convencerla de que vuelva a trabajar en Darlington Hall. Por el camino Stevens va reflexionando sobre el oficio de mayordomo, los años que dedicó al servicio de su antiguo señor, Lord Darlington, y su relación “profesional” con Miss Kenton.

Los restos del día es una especie de diario personal en el que Stevens mezcla recuerdos, reflexiones e impresiones del viaje en el que pasa por pequeñas y hermosas villas inglesas como Salisbury o Taunton. La historia consigue capturar a la perfección la atmósfera de aquellos años de transformación de la sociedad inglesa, este aire de Downton Abbey. De hecho, el protagonista incluso me recordó bastante a Mr. Carson, uno de los personajes de la serie británica.

No sé qué tiene la prosa de Kazuo Ishiguro que, sin ser densa ni complicada, sin floritura alguna, me ha hipnotizado desde la primera página. Quizás su gran virtud es hacer que parezca fácil una narración cuyo tempo controla Ishiguro en todo momento, y solo cuando terminas el libro te das cuenta de la magnífica e inolvidable historia que acabas de leer. Querida A., si te animas a leer esta novela no esperes encontrarte una historia de grandes gestas, de héroes, acción o giros inesperados y sorprendentes. De hecho, la novela entera se podría resumir en que un mayordomo inglés aprovecha unos días libres para ir a visitar a una ama de llaves y, por el camino, reflexiona sobre su vida. Pero la magia de la literatura hace que sea mucho más que esto, mucho, mucho más.

Stevens ha pasado todos los años de su vida centrado en prestar el mejor servicio posible a su señor, en que la casa esté siempre ordenada e impoluta, que la cubertería de plata esté reluciente, que las cenas sean deliciosas, que el personal sea eficiente, en definitiva, en que todo esté perfecto para ayudar a su señor a conseguir sus fines, a cambiar el mundo. Pero, ¿y si estos fines no eran correctos? ¿Y si el señor se equivocó? ¿En qué se basó la vida de Stevens? ¿Todo su trabajo fue en vano? ¿Toda su vida carece de sentido?

“Durante su vida siguió un camino, que resultó no ser el correcto, pero lo eligió. Y al menos eso pudo decirlo. Yo no puedo. Yo solo confié. Confié en su instinto. Durante todos aquellos años en que le serví, tuve la certeza de estar haciendo algo de provecho. Pero ahora ni siquiera puedo decir que me equivoqué.”

Atentamente,

 

 

P.S. Corren tiempos aciagos aquí. Lo habrás visto en las noticias. Las banderas, la desinformación, los gritos, la violencia, el ruido, el odio, las amenazas, el miedo, la intolerancia, la incertidumbre. Todos deberíamos leer este libro ahora, es como un balón de oxígeno entre tanta contaminación. La vida pasa y es mucho mejor la noche que el día:

 

“Mucha gente prefiere la noche al día. Siendo así, quizá deba seguir el consejo de no pensar tanto en el pasado, y de mostrarme más optimista y de aprovechar al máximo lo que me resta del día. Después de todo, ¿qué se gana con estar mirando siempre atrás? ¿Con culparnos del hecho de que la vida no nos haya llevado por el camino que deseábamos? Por duro que parezca, la realidad para la gente como ustedes o como yo es que no tenemos más opción que dejar nuestro destino en manos de esos grandes personajes que guían el mundo y que contratan nuestros servicios. ¿Para qué preocuparse tanto por lo que deberíamos haber hecho o dejado de hacer para dirigir el curso que tomaban nuestras vidas? Para personas como usted o como yo, la verdad es que basta con que intentemos al menos aportar nuestro granito de arena para conseguir algo noble y sincero. Y los que estamos dispuestos a sacrificar una gran parte de nuestra vida para lograr estas aspiraciones, debemos considerar el hecho en sí motivo de satisfacción y orgullo, cualquiera que sea el resultado.”

| FICHA DEL LIBRO |

Título: Los restos del día.
Autor: Kazuo Ishiguro.
Editorial: Anagrama.
ISBN: 9788433928429.
Páginas: 256.
Precio: 10€

| MI VALORACIÓN |

TE GUSTARÁ SI TE GUSTÓ: El lector, de Bernhard Schlink. Sostiene Pereira, de Antonio Tabbuchi. La senyora Dalloway, de Virginia Woolf. Persuasión, de Jane Austen. La ciutat i la casa, de Natalia Ginzburg.

 

7 comentarios sobre “Los restos del día, de Kazuo Ishiguro

  1. Querido J.

    No he leído nada de éste último y reciente Premio Nobel. Murakami se queda de nuevo sin premio… una lástima.
    Lo que sí te puedo decir es que cada vez me atrae más la literatura asiática y poco a poco voy conociendo la pluma de algunos de ellos, la última fue Eileen Chang con su novela corta Un amor que destruye ciudades.
    Por lo que cuentas es una novela mas bien de corte intimista y de costumbres… pinta bien.
    Igualmente me atrae muchísimo más su Gigante enterrado y creo que comenzaré con este libro…

    Un saludo!!

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  2. Querida A.B.

    Yo no soy demasiado defensor de Murakami. Sí, tiene éxito, y sí, tiene libros que son buenos, pero no entiendo que tenga esa cosa, esa profundidad necesaria para ganar el Nobel.

    Por otro lado, aunque lo pueda parecer por el nombre de su autor, “Los restos del día” tiene tanto de japonés como yo. De hecho el autor, aun siendo de origen japonés, vive en Inglaterra desde los cinco años. Así que este libro ni es literatura japonesa ni verás ninguna similitud con otros autores japoneses como Eileen Chang. De hecho es de las novelas más británicas que he leído.

    ¡Yo también tengo el gigante enterrado pendiente! Pero antes iré a por Nocturnos 🙂

    Saludos!

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  3. No se el tiempo que llevo leyendo a Ishiguro, creo que desde clase de Filosofía, así que ya hace un tiempo ya…jajaja. Mis libros favoritos son “Un artista del mundo flotante” “Palida luz en la colinas” y “Nocturnos” eso no quiere decir que los demás no me gusten, al contrario, me encantan, pero con estos tres siento algo especial, tal vez sea por que fueron los primeros que leí suyo y el otro un regalo.

    Un besito.

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