Nocturnos, de Kazuo Ishiguro

 

Querida A.,

Todos los escritores son músicos frustrados. Te lo digo en serio, A. Haz la prueba. Pregúntale a cualquier escritor qué talento le gustaría tener, todos te dirán que les gustaría tener el don de tocar un instrumento -el que sea da igual: piano, saxo, guitarra, flauta travesera- o tener una voz excepcional para cantar. Yo mismo empecé a ir a clases de guitarra en mi adolescencia, pero el solfeo me intimidó, y por aquel entonces no era muy constante en mis decisiones. Y todos los que no conseguimos entrar en el mundo de la música nos sentimos llamados por su hermana, la musa de la literatura.

La tinta de la última carta que te escribí aún no se había secado cuando empecé a leer Nocturnos. Ishiguro me había dejado sin palabras con aquella conversación delante del mar de Cornualles entre Stevens y un desconocido que pone fin a Los restos del día. Necesitaba más y eso me impulsó a tirarme de cabeza a Nocturnos, el único de sus libros que les quedaba en la librería más cercana. Supongo que todas las librerías deben tener en el almacén una reserva de las novelas de Murakami y wa Thiong’o listas para venderse cuando ganen el Nobel, y año tras año la Academia Sueca elige a un autor del que tienen una o dos obras en sus estanterías o incluso elige a un cantautor.

Nocturnos recoge cinco cuentos. Si algo comparten estas cinco historias es que en todas ellas la música está presente de alguna u otra manera. Sus protagonistas son músicos desorientados y aturdidos ante un mundo materialista y superficial que no cree en la magia de la música. No son cuentos del todo desconectados entre sí, sino que algunos comparten escenario, estructura o personajes y todos tienen un mismo trasfondo: la música.

En el primero de los cuentos, “El cantante melódico“, conocemos a Jan, un guitarrista de una de las bandas que tocan en un café de la piazza San Marco de Venecia, cuando reconoce en una mesa a Tony Gardner, un legendario vocalista americano que fue una estrella musical en el pasado. Es algo habitual ver famosos en aquella plaza, pero, para Jan, Tony Gardner ocupa un lugar muy especial en su infancia, y esto lo empuja a irlo a conocer y a aceptar sin dudar el favor que éste le pide.

Come rain and come shine” y “Malvern Hills” son los dos cuentos que menos me han gustado. En el primero, Ray, el extraño y deprimente protagonista, de escaso éxito en la vida, va a visitar a una pareja – Charlie y Emily- con los que le une una amistad de juventud. Solo llegar, su amigo le explica que la relación está pasando por un mal momento y le pide ayuda desesperadamente: debe quedarse con Emily unos días y hacerle ver lo mucho que vale Charlie. ¿Cómo? Pues demostrándole lo desgraciado y patético que es Ray a su lado. En el segundo un músico pasa unos días viviendo con su hermana y su pareja para desconectar de la ajetreada vida de Londres e inspirarse para escribir nuevas canciones -algo que, por lo visto, no buscan las bandas-. Allí conoce a una extraña pareja suiza de ancianos que en seguida se interesan por su música.

En mi opinión, el mejor de los cuentos es el que da título al libro: “Nocturno“. En él, Steve, un talentoso saxofonista, decide someterse a una operación de cirugía estética, convencido por su mánager y su esposa, que lo ha abandonado, que si no consigue el éxito y la fama es debido a su fealdad. Como los métodos del reputado cirujano que lo opera no son del todo legales, es instalado en la habitación de un hotel. Cuando, una vez operado y con la cara completamente vendada, debe permanecer unos días en la habitación, conoce a su curiosa vecina de habitación, una celebridad que también se ha operado.

El último cuento, “Violonchelistas“, narra la historia de Tibor, un violonchelista con un futuro prometedor cuyos inicios se ven fatalmente influenciados por una misteriosa americana que insiste en velar para que su talento no se vea perjudicado y aniquilado por nada ni nadie.

Estos cuentos me han recordado mucho a Haruki Murakami. No sé quién fue el primero en introducir el jazz en sus cuentos, no sé quién fue el primero en crear estos curiosos, singulares, carismáticos e impredecibles personajes, solo sé que ambos son de origen japonés (aunque Ishiguro vive en Reino Unido desde sus cinco años, así que su britanidad es comparable a la de la Reina de Inglaterra), que sus cuentos se parecen mucho y que uno ha ganado el último Nobel de Literatura y el otro es el Leonardo Di Caprio de este galardón.

La prosa de Ishiguro es sencilla y absorbente, te atrapa desde la primera línea. No hay grandes estructuras narrativas ni frases para enmarcar, estamos ante anécdotas entretenidas y de final abierto. Nocturno es uno de estos libros que te apetecerá leer en una sala de espera o a la que tengas un momento. Sus cuentos no suelen superar las cincuenta páginas y no tienen ninguna complejidad. He reconocido en ellos la voz del mismo autor de Los restos del día, pero a la vez he echado de menos la profundidad y la intensidad que sí tiene esta obra maestra. Me suele pasar con los cuentos de muchos escritores que me encantan en sus novelas, me lo paso bien leyéndolos, pero también me dejan algo indiferentes. En cambio, esto no me pasa con escritores que están más habituados al género del cuento o novela corta, como Alice Munro o Stefan Zweig. Sin embargo, A., una cosa te aseguro, con Nocturnos no te vas a aburrir.

Atentamente,

 

 

P.S. Estos cuentos me han transmitido la pasión de Kazuo Ishiguro por la contemplación de una mujer bailando sola al son de una canción. ¿Te acuerdas aquella vez en aquel restaurante? Te levantaste de repente y empezaste a bailar con los ojos cerrados delante de aquella banda de jazz. Y yo te observaba y me sentía el hombre más afortunado del mundo. En estos cuentos vemos a mujeres que bailan en lugares que poco importan, pues cuando empiezan a bailar vuelan entre constelaciones infinitas como los protagonistas de La La Land en el observatorio de Los Ángeles, se pierden en la música como Céline en la escena final de Before sunset, uno de los mejores finales que el cine nos ha regalado; Céline bailando y cantando Ain’t Nobody (Loves Me Better), de Nina Simone, que está sonando en el reproductor de discos del comedor. Céline imitando los gestos, los movimientos, la voz de la Alta Sacerdotisa del Soul diciendo “Baby … you are gonna miss that plane“.

Y Jesse, con aquella mirada perdida, feliz, asombrada, enamorada, derrotada, respondiendo: “I know“.

 

 

| FICHA DEL LIBRO |
Título: Nocturnos.
Autor: Kazuo Ishiguro.
Editorial: Anagrama.
ISBN: 9788433977519.
Páginas: 256.
Precio: 8,90€

TE GUSTARÁ SI TE GUSTÓ: Brooklyn Follies, de Paul Auster. Viaje de invierno, de Jaume Cabré. Tot això ho faig perquè tinc molta por, de Empar Moliner. Tokio Blues (Norwegian wood), de Haruki Murakami. Hombres sin mujeres, de Haruki Murakami.
OTROS LIBROS DEL AUTOR EN TROTALIBROS: Los restos del día.

 

5 comentarios sobre “Nocturnos, de Kazuo Ishiguro

  1. Uy, me gusta mucho Kazuo Ishiguro y estoy en un momento que me apetece leer cuentos, así que este “Nocturnos” me lo llevo pero para ya. No sé si todos los escritores son, o tienen el deseo de ser, músicos, pero es cierto que la música crea una atmósfera evocadora y envolvente, como la mejor literatura. Aunque me temo que no podré decirte si a mí también me recuerda en cierto modo a algún relato de Murakami porque sigo sin estrenarme con este último. Un beso.

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  2. Uff, siempre es un gusto leer lo que tienes por decir; tus palabras realmente logran transmitir mucho.

    Al señor Ishiguro yo todavía no lo leo, pero hace varios años me apunté Nocturnos y Cuando fuimos huérfanos, más que nada porque me inspiraban algo muy raro. Tal que así, me los apunté y no sé prácticamente de qué van, así que es una sorpresa enterarme que Nocturnos es un libro de cuentos. Perdóname si me equivoco, pero leyendo tu opinión me parece que el estilo del autor es un poco… nostálgico; “humano”, y a mí eso es algo que me cautiva mucho. Así que ahora más razones tengo para leerlo.

    Un saludo.

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