Una habitación propia, de Virginia Woolf

 

Querida A.,

De todas las obras que publicó Virginia Woolf, quizás una de las más leídas, discutidas, comentadas y aclamadas es un ensayo que publicó en octubre de 1929, basándose en dos conferencias que dio en Cambridge (una ante la Sociedad Literaria de Newham y otra en Odtaa de Girton) sobre el tema “Las mujeres y la novela”. Woolf, desde la primera página, nos revela la conclusión a la que llega después de deliberar y reflexionar largamente sobre el papel que tenía en aquel momento la mujer y a lo largo de toda la Historia en la literatura:

Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas“.

Una vez revelada la breve y concisa conclusión, la autora británica nos invita a acompañarla en el proceso de preparación de la conferencia para entender cómo ha llegado hasta esta idea. Woolf utiliza diferentes escenarios -un parque, una universidad, una biblioteca- para exponer sus reflexiones sobre el tema. Te preguntarás, A., si se trata de un ensayo o una novela. Aunque siempre había oído hablar de este libro como un ensayo, yo lo situaría en la frontera entre ambos, pues el ensayo se canaliza a través de una impresionante narración. En ella Woolf, a través de observaciones del mundo que la rodea, de los pequeños detalles que observa mientras pasea o investiga sobre el papel de la mujer en la literatura, retrata una sociedad patriarcal en la que los hombres acumulan todo el poder y se resisten furiosamente (“¿Por qué estaban furiosos?”) a compartirlo con las mujeres:

“Ni el más fugaz visitante de este planeta que cogiera el periódico, pensé, podría dejar de ver, aun con este testimonio desperdigado, que Inglaterra se hallaba bajo un patriarcado. Nadie en sus cinco sentidos podría dejar de detectar la dominación del profesor. Suyos eran el poder, el dinero y la influencia. Era el propietario del periódico, y su director, y su subdirector. Era el ministro de Asuntos Exteriores y el juez. Era el jugador de criquet; era el propietario de los caballos de carreras y de los yates. Era el director de la compañía que paga el doscientos por ciento a sus accionistas. Dejaba millones a sociedades caritativas y colegios que él mismo dirigía. Era él quien suspendía en el aire a la actriz de cine. Él decidiría si el cabello pegado al hacha era humano; él absolvería o condenaría al asesino, él le colgaría o le dejaría en libertad. Exceptuando la niebla, parecía controlarlo todo. Y, sin embargo, estaba furioso. Me había indicado que estaba furioso el signo siguiente: al leer lo que escribía sobre las mujeres, yo no había pensado en lo que decía, sino en él personalmente. Cuando un razonador razona desapasionadamente, piensa sólo en su razonamiento y el lector no puede por menos de pensar también en el razonamiento.”

A través de la magnífica prosa de Woolf, que fluye como un río fresco y cristalino, he vivido las dificultades y desventajas que han sufrido las mujeres a lo largo de toda la Historia. Una habitación propia no se limita a hablar de literatura, sino que, como no puede ser de otra manera, lo conecta en todo momento con el papel de las mujeres en la sociedad, siempre reducido y limitado por los hombres, que no pueden afrontar sentirse inferiores o iguales a las mujeres, cuyo papel siempre ha sido el de admirar sumisamente a los hombres, cuidar de ellos, potenciarlos e hinchar su afán de superioridad:

“Durante todos estos siglos, las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar una silueta del hombre de tamaño doble del natural. Sin este poder, la tierra sin duda seguiría siendo pantano y selva. Las glorias de todas nuestras guerras serían desconocidas. Todavía estaríamos grabando la silueta de ciervos en los restos de huesos de cordero y trocando pedernales por pieles de cordero o cualquier adorno sencillo que sedujera nuestro gusto poco sofisticado. Los Superhombres y Dedos del Destino nunca habrían existido. El Zar y el Káiser nunca hubieran llevado coronas o las hubieran perdido. Sea cual fuere su uso en las sociedades civilizadas, los espejos son imprescindibles para toda acción violenta o heroica. Por eso, tanto Napoleón como Mussolini insisten tan marcadamente en la inferioridad de las mujeres, ya que si ellas no fueran inferiores, ellos cesarían de agrandarse.”

No obstante, sin duda el tema principal de este libro es analizar el papel de las mujeres desde la perspectiva literaria. Así, Woolf nos habla de la diferencia entre la mujer literaria y la mujer real. La mujer literaria, es decir, la que aparece como protagonista o personaje en las grandes obras de literatura es poderosa y heroica, en pie de igualdad con los hombres, luchadora y rebelde. Sin embargo, a la mujer real nunca se le ha permitido desarrollarse y liberarse del lugar que la sociedad le asigna como esposa, madre y ama de casa.

“No siendo historiador, quizá podría uno ir un poco más lejos y decir que las mujeres han ardido como faros en las obras de todos los poetas desde el principio de los tiempos: Clitemnestra, Antígona, Cleopatra, Lady Macbeth, Fedra, Gessida, Rosalinda, Desdémona, la duquesa de Malfi entre los dramaturgos; luego, entre los prosistas, Millamant, Clarisa, Becky Sharp, Ana Karenina, Emma Bovary, Madame de Guermantes. Los nombres acuden en tropel a mi mente y no evocan mujeres que «carecían de personalidad o carácter». En realidad, si la mujer no hubiera existido más que en las obras escritas por los hombres, se la imaginaría uno como una persona importantísima; polifacética: heroica y mezquina, espléndida y sórdida, infinitamente hermosa y horrible a más no poder, tan grande como el hombre, más según algunos. Pero ésta es la mujer de la literatura. En la realidad, como señala el profesor Trevelyan, la encerraban bajo llave, le pegaban y la zarandeaban por la habitación.

De todo esto emerge un ser muy extraño, mixto. En el terreno de la imaginación, tiene la mayor importancia; en la práctica, es totalmente insignificante. Reina en la poesía de punta a punta de libro; en la Historia casi no aparece. En la literatura domina la vida de reyes y conquistadores; de hecho, era la esclava de cualquier joven cuyos padres le ponían a la fuerza un anillo en el dedo. Algunas de las palabras más inspiradas, de los pensamientos más profundos salen en la literatura de sus labios; en la vida real, sabía apenas leer, apenas escribir y era propiedad de su marido.”

Una habitación propia es sin duda un clásico feminista imprescindible que todo el mundo debería leer, pues aunque fue escrito hace décadas es totalmente vigente y aplicable a la realidad de la sociedad actual. Con una prosa original y cuidada Woolf ofrece desde la perspectiva de la literatura una reflexión nítida, clara y transparente del papel de las mujeres y la problemática del sinsentido de la desigualdad de género que aún hoy persiste. Las mujeres deben poder escribir novelas, y para eso deben tener independencia económica (dinero) y personal (una habitación propia). Este libro es una llamada a las mujeres a coger las riendas de su vida, a aprovechar las libertades y oportunidades que hoy tienen para ganarse la independencia y para desarrollar su talento y su creatividad.

“Durante millones de años las mujeres han estado sentadas en casa, y ahora las paredes mismas se hallan impregnadas de esta fuerza creadora, que ha sobrecargado de tal modo la capacidad de los ladrillos y de la argamasa que forzosamente se engancha a las plumas, los pinceles, los negocios y la política. Pero este poder creador difiere mucho del poder creador del hombre. Y debe concluirse que sería una lástima terrible que le pusieran trabas o lo desperdiciaran, porque es la conquista de muchos siglos de la más dura disciplina y no hay nada que lo pueda sustituir. Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo; ¿cómo nos las arreglaríamos, pues, con uno solo? ¿No debería la educación buscar y fortalecer más bien las diferencias que no los puntos de semejanza? Porque ya nos parecemos demasiado, y si un explorador volviera con la noticia de otros sexos atisbando por entre las ramas de otros árboles bajo otros cielos, nada podría ser más útil a la Humanidad; y tendríamos además el inmenso placer de ver al profesor X ir corriendo a buscar sus cintas de medir para probar su «superioridad».”

Este ensayo narrado es una formidable demostración de la valentía literaria de Virginia Woolf, solo ella se habría atrevido a imaginar la vida de una hermana imaginaria de William Shakespeare, solo ella pudo transmitir sus avanzadas ideas -avanzadas incluso a nuestro tiempo- de una forma tan clara, original, seductora y audaz, solo ella podría haber escrito este libro. Sin duda, es una de mis escritoras favoritas.

Siempre tuyo,

 

 

 

P.S. A riesgo de excederme con los citas de esta excepcional lectura, me voy a permitir compartir una más en esta carta. Dos breves frases que pasan desapercibidas en el crepúsculo del capítulo dos pero que quizás debería acompañar, secundar y completar la célebre conclusión que da título al libro y a la que llegó Woolf tras sus reflexiones:

“No necesito odiar a ningún hombre; no puede herirme. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que darme”.

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4 comentarios sobre “Una habitación propia, de Virginia Woolf

  1. ¡Hola!

    Pues siempre me ha llamado este libro, y la autora también, para qué mentir. Hace tiempo descubrí que se había suicidado y dejado una carta a su marido. Por ahora no lo leeré, pero en un futuro claro que sí. Por cierto, vivo enamorada de esta edición (la de la foto) desde el primer momento que la vi.

    ¡Nos leemos!
    Lua.

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  2. Hola Jan!

    Esta novela fue la “culpable” por la cual en la adolescencia exigí a mis padres una habitación propia para que pudiera estudiar, escribir y relajarme, de lo contrario aprobar el curso sería muy difícil dado que no podía concentrarme con la pesada de mi hermana pequeña en el mismo cuarto, jajajajaja. Funcionó, aprobé, escribí y gané mi primer certamen literario y desde entonces siempre tengo una habitación propia a salvo de intrusos…

    Un besito carinyet!

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