Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro

Querida A.,

Si algo tengo que agradecerle al Premio Nobel de Literatura es que me haya descubierto a escritores antes completamente deconocidos para mí como lo eran Alice Munro, Patrick Modiano o Svetlana Aleksiévich. Aun siendo muchas veces algo injusto, no deja de ser uno de los premios literarios que más horizontes me ha abierto. Un ejemplo de esto es Kazuo Ishiguro, el polifacético escritor que ganó el prestigioso premio en 2017. Empecé acercándome a él a través de Los restos del día, la historia de un mayordomo que, tras muchos años de servicio, abre los ojos ante la realidad que le ha tocado vivir. Seguí con Nocturnos, unos cuentos en los que la música era la verdadera protagonista y la narración te envuelve a ritmo de jazz. Ahora he seguido con Nunca me abandones, una de sus novelas más aplaudidas y llevada al cine bajo la dirección del director Mark Romanek.

A través de los recuerdos de infancia de la narradora, Kathy, conocemos Hailsham, una escuela inglesa cuyos amplios jardines recuerdan a un colegio de élite de la época victoriana. Sin embargo, Hailsham está lejos de parecerse a una escuela normal. Los custodios, siempre obsesionados por el estado de salud de los alumnos, no dejan de repetirles que son sumamente especiales, que tendrán un papel muy importante a desempeñar y que es muy importante que se esfuercen al máximo en pintar para que sus obras sean elegidas por Madame, una misteriosa mujer que visita de vez en cuando el centro. Los alumnos, que nunca salen de Hailsham, son invitados a practicar el sexo entre ellos. Según los custodios, no pueden tener hijos. Allí Kathy crece junto a su mejor amiga, Ruth, hasta que aparece en su vida Tommy, el objeto de burlas de la mayoría de chicos. Entre los tres surge el amor, pero también los celos y las traiciones.

A medida que avanza la lectura se va revelando poco a poco el secreto que esconde la aparentemente idílica Hailsham, un secreto que por estar siempre allí es percibido y tolerado por los alumnos como el sol, el césped o el aire, como un elemento más presente en sus rutinas. Y, en cierto modo, tú, como lector, también haces esto; le das la espalda a los interrogantes, miras el exterior de Hailsham con desconfianza, escuchas las voces que intentan despertarte del sueño con fastidio, te refugias en sus patios verdes, en los rumores absurdos que corren por la escuela, en las relaciones entre los alumnos. Y es que, aunque es evidente que Nunca me abandones es una distopía, es difícil clasificarla en el mismo grupo que Un mundo feliz, 1984 o El proceso, pues la narradora se centra en su relación con Ruth y Tommy. Este triángulo de amor y amistad, cual de las Bermudas, absorbe toda la historia y te absorbe a ti en una experiencia literaria inolvidable.

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Lo más curioso de todo es que parece que los personajes en ningún momento ponen en duda el sistema que los controla, la distopía en la que se enmarca la historia. Se resignan a su destino, buscan excepciones establecidas dentro del mismo sistema, pero el interés de la narradora se limita a las relaciones entre la gente que lo rodea y entender, que no escapar de o enfrentarse a, las injustas normas que les son aplicadas.

El estilo directo y simple, que no sencillo, de Ishiguro, siempre me hace desconfiar cuando empiezo a leer alguna de sus obras. Me descoloca la forma con la que narra, con la que cambia de tema y vuelve a otro del que, aparentemente, el narrador se había olvidado, la forma con la que se equivoca, se corrige, vacila y se dirige directamente al lector. Sin embargo, como ya hizo con Los restos del día, poco a poco los personajes y la historia te van conquistando, y cuando llega el increíble final te das cuenta que acabas de leer un gran libro, que lo que tienes entre las manos es LITERATURA. Así, en mayúsculas. Y no puedes hacer otra cosa que agradecerle al Premio Nobel de Literatura que te haya descubierto una novela que, aunque no lo sabías, necesitabas.

Atentamente,

Jan Arimany.

P.S. Ayer por la noche, movido por la curiosidad, vi la adaptación cinematográfica de Nunca me abandones (está en Netflix). Aunque no tengo ninguna queja en relación con los actores o la escenificación, la película simplifica los que para mí son temas fundamentales del libro que aportan complejidad y profundidad a la historia y directamente obvia escenas que para mí son clave (sin querer ser muy explícito para no revelarte nada: el extravío de la cinta de Kath y su encuentro con Madame, por ejemplo). Entiendo que en menos de dos horas debes prescindir de muchos momentos del libro, pero en este caso afecta a la esencia de la historia.

*

9788433970794Título: Nunca me abandones.

Autor: Kazuo Ishiguro.

Traductor: Jesús Zulaika.

Título original: Never Let Me Go.

Editorial: Anagrama.

Páginas: 351.

Precio: 19,90€

ISBN: 9788433970794.

 

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6 comentarios sobre “Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro

  1. Una obra maestra de los pies a la cabeza. Me alegré mucho cuando le otorgaron el Nobel porque, como dices, lo que escribe este hombre sí es LITERATURA. Un placer leer tu reseña 🙂

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  2. Muy de acuerdo contigo en lo que señalas sobre la extrañeza de la no-rebelión de unos personajes que no cuestionan nada, al menos, no lo hacen hasta el final (o precisamente cuando lo ven llegar). Creo que forma parte de la contención de tan bien sabe relatar Ishiguro. Si te fijas, esa misma contención (emocional, en este caso) es el hermoso paisaje de “Los restos del día”. Me gusta mucho este autor, y me alegré del Nobel, sobre todo porque no conocía a Aleksiévich ni a Modiano (qué vergüenza) cuando fueron galardonados, y me hizo especial ilusión tener un Nobel del que ya había leído un par de novelas y las había disfrutado mucho 😉 Besos.

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  3. Esta fue mi primera lectura en un club de lectura. Me trae muy buenos recuerdos. Y luego está el “terror” de toda distopía, de lo lejano que se ve y, sin embargo, lo cerca que tenemos las sitaciones que se narran.

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  4. ¡Hola!
    Todavía no he visto la adaptación, pero es una pena que obvien precisamente esa escena. Tienes razón. Eso sí, a mí la novela no me captó igual, Kathy me resultó demasiado fría, entendía mejor a Ruth.
    ¡Un saludo!

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