La dama de las camelias, de Alexandre Dumas

Dicen que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Lo que es seguro es que ha adoptado diferentes caras a lo largo de la historia. En la París de la Belle Époque y del Moulin Rouge la prostitución incluso tenía su lado elegante, refinado y distinguido. Las cortesanas eran las bellas y caprichosas amantes de la alta sociedad parisina. No era extraño ver a un conde, a un duque, a un barón o a un burgués en su palco del teatro acompañado de su cortesana. A cambio de su compañía y su cariño, a la cortesana se le pagaba el alojamiento, la manutención y todos los caprichos que quisiera.

La dama de las camelias, publicada en 1848, está inspirada en el romance que vivió el propio autor (que es el hijo del Alexandre Dumas que escribió El conde de Montecristo) con Marie Duplessis, una cortesana de París muy popular por su arrebatadora belleza y su extravagante personalidad. La Duplessis de la novela es Marguerite Gautier, la dama de las camelias. El narrador se encuentra por casualidad con la subasta de los bienes de Marguerite que han organizado sus acreedores tras su temprana muerte. Allí, dejándose llevar por un impulso, pues solo conocía de vista a la difunta, adquiere un libro dedicado por un tal Armand Duval. Unos días después, un apuesto joven, que resulta ser el mismo Armand, se presenta al domicilio del narrador implorando que le dé el libro. El narrador accede y Armand, agradecido, le cuenta el tórrido romance que vivió con la dama de las camelias, la “entretenida” que le robó el corazón desde la primera vez que la vio.

IMG_5003

Llevaba tiempo postergando la lectura de esta clásico de la literatura pero el otro día, observando la estantería, la vi y sentí un anhelo de leerlo que me sorprendió a mí mismo. No esperaba que me gustara tanto como me ha gustado. La fórmula del amor imposible, repetido a lo largo de toda la historia de la literatura, parece no fallar nunca. En esta obra la Julieta es Marguerite, una cortesana muy cotizada en la alta sociedad parisina, y el Romeo es Armand, un joven de clase media y familia conservadora. Una vez más, la sociedad está preparada para interferir y contaminar un amor puro, valiente e inocente. La novela no destaca por su imprevisibilidad, pues el lector, quizás con la lección aprendida en la tragedia de Shakespeare y en la de tantos otros amores imposibles que acabaron en desgracia, en seguida huele el fatídico final de los desgraciados protagonistas.

“Usted sabe lo que es amar a una mujer, sabe que los días se hacen cortos y que con amorosa pereza nos dejamos arrastrar al día siguiente. Conoce usted ese olvidarlo todo que surge del amor impetuoso, confiado y compartido. Todo ser, menos la mujer amada, nos parece inútil en la creación. Lamentamos haber entregado ya parcelas del corazón a otras mujeres, y jamás vislumbramos la posibilidad de apretar otra mano que la que tenemos entre las nuestras. El cerebro no admite ni el trabajo ni el recuerdo, nada que pudiera distraerlo  del único pensamiento que no dejamos de ofrecerle. Cada día descubrimos en nuestra amante un nuevo encanto, una voluptuosidad que no conocíamos. La vida ya no es más que el continuo cumplimiento de un deseo constante, y el alma solo es la vestal que se encarga de mantener el fuego sagrado del amor.”

Si algo me ha gustado de la lectura es la intensidad emocional con la que narra Dumas. Con un ritmo ágil y con fluidos diálogos, la narración -y, por lo tanto, el lector- se impregna del amor enfebrecido, celoso, melancólico y exaltado de Duval. Este alto voltaje emocional me recordó a Carta de una desconocida, de Stefan Zweig. No tengo la sensación de haber leído esta historia de amor, tengo la sensación de haberla vivido.

A través de esta novela Dumas hizo una afilada crítica a la hipocresía de la sociedad francesa y los prejuicios establecidos contra la prostitución, que impedían que una mujer que se vio obligada a entrar en el oficio por necesidad, ignorancia o ambas cosas, se enamorara, se casara o hiciera un cambio de rumbo en su vida, quedando proscrita para siempre y relegada para siempre al comercio con su cuerpo.

“¡Ay, qué pequeño y vil es el hombre cuando se siente herido en sus mezquinas pasiones!”

He leído La dama de las camelias en un suspiro. Aunque, como todo clásico, es previsible, no he podido separarme de la historia de amor de Armand y Marguerite. ¿Será el frenesí de la narración? ¿Será la atmósfera de los ostentosos teatros, salones y óperas de la belle París? ¿O será que soy un romántico que no sabe resistirse a una muestra más de la eterna y trágica lucha entre la sociedad y los amores individuales que se atreven a contradecir sus normas? ¡Cuánto sacrificio, cuánto amor rendido, cuántas ilusiones perdidas ante las ridículas y sucias exigencias de una sociedad amargada!

*

Para la cabecera de esta reseña he elegido Retrato de Julia Tahl, conocida como Mademoiselle Alice de Lancey, por Charles Carolus-Duran (1876).

Mademoiselle de Lancey, americana de origen, fue una de las más célebres cortesanas del París de la Belle Époque. Amante de prominentes condes y barones, descarada, irreverente y permanente fuente de escándalos, Mademoiselle de Lancey no dejaba indiferente a nadie: era amada por unos y odiada por otros.

*

9788499894836Título: La dama de las camelias.

Autor: Alexandre Dumas (hijo).

Traductor: Noemi Sobregues Arias.

Título original: La Dame aux camélias.

Editorial: Debolsillo.

Páginas: 240.

Precio: 11€

ISBN: 9788499894836.

 

También te gustará:

7 comentarios sobre “La dama de las camelias, de Alexandre Dumas

  1. Hola, voy a fingir que no nos conocemos y que este es un comentario inocente en un blog aleatorio con el que me he topado. ¿Que por qué? Porque ahora mismo siento vergüenza ajena de nosotros mismos tras haber visto de nuevo las historias que “han aparecido por arte de magia” en mi cuenta de Instagram.

    Aclarado este punto, querido desconocido, yo no he leído este libro pero sí que estoy enamorada de la ópera de La Traviata, de Verdi, que se basa en esta novela, así que es probable que me anime a leerla porque me daré con un canto en los dientes si me gusta la mitad de lo que me gusta la música de Verdi.
    Va, no puedo fingir que soy una persona seria: la verdad es que, aunque la parte de la muerte por vergüenza causada por los vídeos es real, en el fondo me da igual porque tú y yo nos merecemos estar en La Voz, en Broadway, siendo entrevistados por Oprah Winfrey y… Vale, ya está.

    Te como la cara, cantante de karaoke.

    Me gusta

  2. No és el meu tipus de llibre, ja ho saps, però volia aturar-me a escriure’t per dir-te que m’ha encantat llegir la ressenya, molt interessant. El llibre el coneixia només pel nom, no en coneixia l’argument ni qui l’havia escrit, i tot el que ens has contat m’ha semblat molt interessant, fins al punt que potser en un futur li podria donar una oportunitat, ja ho veurem.

    Salutacions,
    Laura.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s