Rayuela, de Julio Cortázar

Esta es una de las reseñas más difíciles de escribir que he hecho. Llevaba mucho tiempo queriendo leer el libro más conocido del escritor argentino Julio Cortázar, Rayuela, pero la singular estructura de esta poética narración me intimidaba tanto como me llamaba la atención. E iban pasando los años, y cada vez que leía alguno de los cuentos de Cortázar me maravillaba y me prometía ponerme pronto a leer Rayuela, pero el tiempo seguía pasando. Fue cuando supe que me iba a París cuando decidí ponerle fin a este propósito mil veces postergado.

Rayuela es especial en todos los sentidos y, por esto, es normal que el lector tenga mil interrogantes antes de adentrarse en sus páginas. Yo los sufrí, me surgían muchas dudas que no sabía resolver (o no del todo) leyendo reseñas, artículos y opiniones en internet. Es por esto que en unos días publicaré una entrada con once preguntas y respuestas sobre Rayuela. En esta entrada me centraré más en mis impresiones ante esta extraordinaria lectura. Sin embargo, es imposible eludir el hecho de que Rayuela tiene muchas lecturas posible y, de hecho, Cortázar quería que cada lector leyera este libro como quisiera. Yo, después de darle muchas vueltas y buscar recomendaciones de cómo leerlo, me decidí por leer de forma tradicional del capítulo 1 al 56 y, después, leer por encima los llamados “capítulos prescindibles”.

Rayuela versa principalmente sobre la relación entre el protagonista, Horacio Oliveira, un argentino muy culto, y la Maga (o Lucía), una uruguaya y madre de un hijo. Ambos viven en París y les une una compleja relación de amistad, celos y amor. Con este punto de partida, la narración se expande en todas las direcciones: hacia el Club de la Serpiente, formado por los ilustres amigos de Horacio en París (Etienne, pintor, Ronald, músico, Babs, cerámica, Morelli, escritor y Gegorovius, intelectual) y otros personajes. Aunque la Maga tiene un nivel cultural muy inferior a Horacio y sus colegas, a éste rápidamente le llama la atención su naturalidad y su sabiduría, sin citas ni ambages.

“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, el arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y oliva que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos causal en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentrífico.” – (Capítulo 1)

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Así empieza esta historia, compuesta de personajes, momentos y pensamientos desordenados. Con este arranque (en mi opinión uno de los mejores de la literatura) comienza una aventura literaria del la que el lector no saldrá indemne, por bien o por mal. Todos los narradores aportan sus capítulos con su voz propia, con su subjetividad, componiendo todos estas voces una historia cubista y fragmentada.

¿Por dónde empezar pues? Ojalá tuviera la habilidad de Cortázar de saber por dónde empezar las complejidades. Supongo que una buena forma de empezar esta reseña es decir que no se trata de una lectura fácil, aunque seguramente ya os habréis dado cuenta de esto. Sin duda se trata de una lectura exigente, que interpela al lector, que requiere su concentración y su dedicación completa. Es una narración muy introspectiva, que exige su tiempo e incluso una relectura para captar todos sus sentidos, ambigüedades y referencias.

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos” – (Capítulo 1)

A lo largo del libro no se desarrolla una historia en sí. Aunque relata algunos hechos uno se queda con la sensación de que no ocurre nada, pero a la vez es evidente que cada frase está cargada de contenido, de verdad. Por ejemplo, el capítulo cinco es duro, brutal, pero representa el deseo más salvaje, más ardiente, más verdadero. Horacio busca algo que ni él sabe qué es. Permanentemente insatisfecho, parece anhelar la feliz sencillez y espontaneidad con la que vive la Maga, libre de los tormentos del conocimiento, libre del escepticismo de quien sabe mil teorías sobre todo.

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Y, como un personaje más, París. Con sus avenidas, sus puentes, sus rincones, sus luces, sus sombras, sus misterios, sus fantasmas, sus secretos. Sin duda es el libro para leer en esta ciudad, mientras se pasea por el paseo a la orilla del río Sena o por el Pont des Arts, donde empieza la narración.

“No puede ser que estemos aquí para no poder ser” – (Capítulo 18)

Sin embargo, es evidente que esta lectura no es para todo el mundo. O la amas o la odias. Y es que es tan desordenada como esta misma reseña; está llena de ideas inconexas que forman parte del turbulento mundo de Horacio. Confieso que ha habido veces que me he perdido, que el remolino de la historia me ha confundido, me ha perdido. Pero incluso en estos momentos no he dejado de disfrutar de la increíble, sorprendente y preciosa prosa de Cortázar, que invita a ser leída en voz alta. Y, para acabar esta reseña, sin estructura, sin orden, sin conclusión, como Rayuela, me gustaría dejaros mi capítulo favorito al completo, el siete:

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.” – (Capítulo 7)

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*

¡En unos días publicaré once preguntas y respuestas sobre Rayuela, donde entraré en muchos temas en los que no he entrado en esta reseña!

*

9788420414706Título: Rayuela.

Autor: Julio Cortázar.

Editorial: Alfaguara.

Páginas: 627.

Precio: 19,50€

ISBN:9788420414706.

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6 comentarios sobre “Rayuela, de Julio Cortázar

  1. ¡Cómo he disfrutado esta reseña! Hacía tiempo que no te leía; ahora sé que debo volver porque estar aquí, entre tus palabras, supone sentirse como en mi propia casa. Me fascinó cada una de las frases que incluiste, incluso se las pasé a un amigo. Yo formaré parte de la fracción “amantes del libro”. Lo presiento. Además, amo París. Eso suma. Y me encanta la prosa. Me gusta la rapidez con la que narra la escena porque, al mismo tiempo, te hace imaginarlo despacio. No sé si me explico. Quiero leer este libro. Quizás lo busque a mediados de agosto. Si no fuera por tu entrada, creo que nunca habría llegado a desearlo tanto. Abracitos y recuerdos.

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  2. ¡Hola, Jan!

    La verdad es que siempre me ha llamado la atención este libro, me ha parecido muy curiosa su estructura pero a la vez me impone mucho, así que por ahora voy a esperar, aunque sé que en un futuro lo voy a leer. Me parece genial que vayas a escribir un post sobre leer este libro, algún día me será útil.

    ¡Nos leemos!
    Lua.

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  3. Para mí fue todo un descubrimiento hace ya años; me llegó a la médula: estuvo en mi mesilla de noche durante meses después de la lectura, pinté camisetas con frases de Rayuela y se lo recomendé a todo el que me quiso escuchar. Ahora pienso a menudo en este libro y creo que se va acercando el momento de la relectura. Me ha encantado tu reseña y estoy deseando leer esas preguntas y respuestas 🙂

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