La hostia necesaria

Correo literario, de Wisława Szymborska

Traducido por Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz.
Editado por Nórdica.

correo-literario

Las lecciones más importantes de mi vida siempre han ido acompañadas de una buena hostia. No ya física, que también, sino intelectual. Una colleja de mi padre, un comentario de mi madre, un ridículo ante toda la clase, una pregunta o una respuesta que rompe mis esquemas, un rechazo, una derrota… Es duro. Duele. La primera reacción suele ser la indignación. La segunda el enfado. Pero cuando la rabia se apaga quedan las cenizas de la reflexión, de las que surge el fénix del aprendizaje. ¡Ojalá uno pudiera crecer sin vivir la humillación, el desengaño, el sufrimiento y la dolorosa crítica! ¡Ojalá fuera un camino de rosas, de perpetuo descenso y acariciado por una suave brisa de verano! Pero la sociedad actual ha confundido estos ojalás con la realidad y educa a sus hijos entre cojines, mimos y amables y dulces palabras. Y entonces el pajarito vuela y, al primer golpecito, cae desplomado al suelo. ¿No es acaso cruel y egoísta no prepararlo para el vuelo? Pregunto.

He tenido la fortuna de tener unos padres que han sabido combinar, con una naturalidad asombrosa, el cariño y la disciplina. Han sabido cuando animarme y cuando ponerme los pies en el suelo. Cuando le enseño a mi padre un texto del que me siento especialmente orgulloso lo lee con una atención puntillosa, casi obsesiva, en busca del mínimo error o imprecisión. Su crítica es feroz y a veces incluso hiriente. Hundido en mi desilusión, tardo en entender que si lo hace es sólo y exclusivamente para que mejore. Pero es fácil ver cómo hoy son mayoría la hueste de padres contrarios a los gritos y a la mínima crítica. Padres que no saben hacer otra cosa que felicitar a sus hijos para no desanimarlos, para verlos contentos y satisfechos de sí mismos. Esta epidemia se ha extendido al ámbito artístico y literario. Una crítica demasiado dura puede desalentar a un futuro Dickens, una crítica demasiado directa puede hacer que una potencial Woolf se desanime y tire la toalla. Di que no te ha convencido, ¡pero no que es un absoluto desastre! ¡Ni se te ocurra decir que es una mierda! ¡El respeto ante todo! De acuerdo. Pero, ¿y cuando el nivel de la bazofia supone una falta de respeto hacia el lector y su tiempo? ¿Acaso Dickens y Woolf no recibieron críticas despiadadas en su momento?

El conocimiento y el talento, aunque necesarios, no son suficientes para ser un buen escritor. A mi parecer, también es imprescindible cierta resistencia y constancia, no sólo en la rutina de trabajo, sino también ante ataques, críticas y contratiempos provenientes del exterior. Si criamos a nuestros escritores en un invernadero, produciremos escritores mediocres. Es mucho más conveniente forjarlos en la furia de la tormenta y de letales enjambres de dificultades y obstáculos.

Tal era la opinión de una tal Wisława Szymborska, poeta polaca que ganó el Premio Nobel de literatura en 1996. Desde un consultorio para escritores en la revista Vida Literaria, Symborska respondía anónimamente a las cartas, manuscritos y poemas que recibía de escritores debutantes. Correo literario recopila sus veredictos más mordaces. Acostumbrado a la corrección absoluta, empecé leyendo Correo literario entre el asombro y la incredulidad, tapándome con la mano la sonrisa que afloraba a mis labios y que me hacía sentir de alguna manera culpable. Pero cuando estaba leyendo la quinta respuesta pausé un momento la lectura y reflexioné sobre por qué me debía sentir mal por este baño de sangre del que era testigo. Todas las cartas que conforman este correo no son más que puñetazos que estos escritores necesitan como el aire que respiran. Si han escrito una mierda, ¡lo mejor que pueden hacer por ellos es decirles la verdad! Decirlo alto y claro: has escrito una mierda. Nadie les impide que abandonen su ambiciones literarias, nadie les prohíbe que lo vuelvan a intentar, nadie les impide que ignoren el golpe y persistan.

No he leído un solo poema de Szymborska, pero viendo la genialidad de su correo literario es fácil adivinar su maestría en terrenos más creativos. Sus respuestas, siempre argumentadas, están llenas de una ironía fascinante. Me reía a carcajadas. Lo admito, lo confieso, lo reconozco. Me he reído mucho. La misma risa tonta que me invade cuando veo vídeos de gente torpe cayendo al suelo o sufriendo planchazos en el agua. ¡Zasca, en toda la boca! Incluso me parecía escuchar entre líneas el Move Bitch de Ludacris.

Wisława no duda en ser cruel si la verdad lo es. No duda en, dado el caso, diagnosticar falta de talento, tan o más necesaria que la técnica. A veces dispara a matar. Algunos de los escritores que recibieron su metralla seguramente se desanimaron y abandonaron el oficio. Otros, estoy seguro, aprovecharon la hostia que efectivamente necesitaban para cambiar de rumbo, corregir, mejorar, crecer. Aunque lo ignoraban, la mano que les daba la colleja era la de una Premio Nobel, y una que sabía de lo que hablaba. El lector de Correo literario tiene la suerte de asistir a este sangriento curso de literatura sin que sea suya la sangre que corre. Sin duda debería ser una lectura obligatoria para cualquier persona que se quiera dedicar a la literatura. Es un destello de verdad en el océano de corrección hipócrita en el que estamos todos inmersos.

Los que nos dedicamos, por ocio o negocio, a reseñar, opinar y criticar lecturas podemos llegar a ser muy injustos. Somos personas y, como tales, a veces nos dejamos llevar por las emociones. La indignación o la incomprensión nos puede llevar a ser crueles. ¿Pero acaso somos los únicos? ¿Acaso las emociones no son propias de toda la raza humana y se da en todos los sectores e industrias que requieren la intervención de personas? ¿No es sano para un escritor que sufra injusticias? Yo creo que sí. De Shakespeare a García Márquez, todos los escritores recibieron malas críticas, algunas más justas que otras. Soy consciente que una obra literaria es, parafraseando a Rosa Maria Prats, “materia sensible” por el hecho de que en ella una persona ha depositado algo muy íntimo. Pero a partir del momento en el que el autor lo saca de su escritorio y se lo da a alguien -un editor, un amigo, una madre, un bloguero- de alguna manera deja de ser suyo y debe enfrentarse a las adversidades del mundo. Y tiene que ser así. Seguramente el método de la hostia necesaria hará que nos perdamos muchas obras buenas que no sobrevivirán su brutalidad, pero también nos ahorrará montañas de literatura mediocre.

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4 comentarios en “La hostia necesaria”

  1. Justo lo acabé ayer y, aunque me esperaba que fuera más divertido, he disfrutado como una enana con la brillantez de esta mujer, y he aprendido un montón, esta vez por suerte de las hostias de los demás… Ya vendrán las propias seguro. Creo que Correo literario es una manera brillante de adentrarnos en el mundo de Szymborska y de la idea que ella tenía de la literatura. ¡Estoy deseando conocerla como escritora y poeta!

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  2. Es uno de los libros que tengo pendientes. Hay un refrán o cita de no se quién que dice algo así: no critiques a tus enemigos que a lo mejor aprenden. Y es cierto, las críticas son necesarias al igual que una palmadita de vez en cuando en el hombro.Todo en su justa medida es bueno y aprender de los errores es fundamental para el crecimiento.

    “No todo vale” y es bueno, sobre todo el literatura y en arte, pero al mismo tiempo no todo el mundo ve las cosas de igual manera así que situarse en un punto intermedio donde la crítica sea constructiva es difícil.

    Muy interesante tu reseña, me han entrado muchas más ganas de leer a esta escritora de apellido impronunciable. 🙂

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  3. ¡Hola!
    Había leído alguna reseña del libro, pero ninguna como esta. Muy buena.
    Espero leerlo cuanto antes, que tiene pinta de que me va a gustar^^
    En cuanto al tema en sí, estoy de acuerdo contigo. Si publicas algo están en su derecho de criticarlo (espero que constructivamente, claro), ya que mientras te sirva como aprendizaje lo veo genial. De todas maneras, lo del respeto lo veo fundamental, es decir, se puede criticar una obra dando argumentos sin necesidad de hacer sangre… es que ya tiene que ser mala para que te salga del alma alguna burrada XD
    Y mira que llevo a cabo esto mismo, o sea, que siempre soy sincera, doy argumentos y no me paso con el autor; sin embargo, siempre hay alguno que no aguanta nada. Una pena, la verdad.
    ¡Un saludooo!

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