Invicta miseria

81+s0p3yX4LRepasando mis lecturas de este año he descubierto que aún no había reseñado la segunda novela que leí del escritor británico Thomas Hardy. Aprovechando que mi cámara se ha suicidado (no la culpo) y, por lo tanto, no puedo grabar vídeos para el canal, he decidido reseñar por escrito la quinta lectura conjunta del grupo de Librohólicos anónimos, El alcalde de Casterbridge.

Después de leer su obra maestra, Lejos del mundanal ruido, tenía muchas esperanzas puestas en esta obra, que el autor publicó en el ecuador de su carrera literaria (1886). Os mentiría si os dijera que la sinopsis no me llamaba la atención: en una taberna inglesa un infame borracho llamado Michael Henchard vende por cinco guineas a su mujer y a su hija. Al día siguiente, en plena resaca, se da cuenta de lo que ha hecho y, lleno de remordimientos, las busca sin éxito. La vergüenza le lleva a jurar ante Dios que nunca más volverá a beber. Con este punto de partida, Hardy hace un salto temporal y, dieciocho años más tarde, nos presenta a un protagonista que poco parece tener que ver con ese borracho cuya bajeza nos ha escalofriado. Efectivamente, el alcalde del pequeño pueblo agrícola de Casterbridge es una autoridad respetada, un hombre rico que lleva sus negocios con tanta solvencia como honorabilidad. Sin embargo, aquel borracho y este alcalde son la misma persona y el regreso de la mujer y la hija que tiempo atrás vendió por cinco tristes guineas tendrá consecuencias imprevisibles.

No me digáis que ahora mismo no tenéis ganas de leer esta novela porque no os creeré. ¿Habrá cambiado realmente el alcalde de Casterbridge o sigue habiendo el mismo mezquino tras sus prendas caras y sus títulos honoríficos? ¿Con qué intenciones vuelven su mujer y su hija? ¿Estará dispuesto a arriesgar todo lo que ha construido en dieciocho años? ¿La gente puede cambiar? Aunque Hardy no desprovee de la complejidad que le es propia a esta cuestión, su conclusión es diáfana: no, la gente no cambia. Quien no tiene honor, por mucho que lo intente y por mucho que luche contra sus instintos, nunca lo tendrá cuando la tormenta arrecie y le obligue a tomar decisiones. La cabeza, por mucho que se esfuerce en elaborar esquemas morales y éticos y manuales de estilo tanto de forma como de fondo para construir un alter ego virtuoso, nunca alcanza el alma cuyos invictos vicios -el egoísmo, la miseria, la ira, la mezquindad, la envidia…- se despiertan cuando los vientos les son favorables. Puedo llegar a compartir esta premisa. Creo que, por poner un ejemplo, una persona egoísta, aunque desarrolle técnicas para disimular o incluso aplacar este vicio, nunca se deshará de él.

…y hasta aquí lo que me ha gustado de la novela. Y es que el principal problema de El alcalde de Casterbridge es que, en vez de complementar esta interesantísima reflexión sobre la psique humana con una historia bien elaborada, con un ritmo, una tensión y unos personajes complejos y coherentes (véase parfavar Lejos del mundanal ruido), aquí construye una sourceespecie de telenovela latina “a la inglesa” cuyos ridículos giros argumentales agotan y confunden al pobre lector. Si uno lo para a pensar, lo de que todo gire alrededor de un rico alcalde rural y lo del regreso inesperado de una mujer y una hija desparecidas casa muy bien con series como Pasión de gavilanes o Rebelde. El último ingrediente es el viril y apuesto semental, aquí encarnado en un highlander que, sinceramente, deja mucho que desear. Y es que incluso si fuera una telenovela la abandonaría por mala, tales son las incoherencias en la forma de actuar de los personajes, tal es la inconstancia e irregularidad en la narración, tal el surrealismo desconcertante en algunos momentos (ahora en serio, ¿alguien que lo haya leído me explica el momento del toro?). ¡Y estamos hablando de Hardy, maldita sea! ¡HAR-DY! Terminar este libro, ¡esto sí que ha sido hardy para mí!

¿Con qué me voy de Casterbridge? Pues con una buena decepción, con la acertada reflexión que subyace a todo el drama sobreactuado y con las risas que nos hemos echado en la lectura conjunta (y no creo que fuera esta la intención del autor). Mejor leed Lejos del mundanal ruido y, si buscáis una telenovela con drama y salseo, ved Jane The Virgin.

4 comentarios en “Invicta miseria”

  1. Ay, lo que nos reímos con lo del toro… Para mí, junto con el primer capítulo, la escena del toro fue de lo mehorcito de la novela. Ahora que dices lo del culebrón latino a la inglesa, cuando estaba leyendo “El alcalde de Castlebridge” pensé que Hardy estaba imitando la literatura francesa de sus coetáneos porque esas reacciones emocionales tan exageradas no son propias de un gentleman británico. Petons!
    P.D.: pobre highlander XD

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  2. Aindss Hardy… pues yo me leí Lejos del mundanal ruido en inglés ¡crasso error! Se me hizo totalmente infumable porque la forma en que está escrito, sobre todo cuando hablan los campesinos, hizo que no entendiera la mitad y creo que después de 8 años en UK tengo un nivel alto… el caso es que no me enteraba de nada y terminé de leerlo y me dije que tenía que darle una oportunidad en castellano. Aún no lo he hecho…. u esta, después de tu reseña, creo que la dejo pasar…

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  3. Yo fui el principal responsable jejeje
    El único personaje que me gustó de toda la novela fue Elizabeth Jane pobrecilla. Los demás eran para ponerlos a un lado donde no molesten y con una sábana encima para que no cojan polvo. Desde luego es muy diferente de Lejos del mundanal ruido pero nos ha servido para quitarnos un Hardy malo. Esperemos que el siguiente sea mejor.

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  4. Yo fui el principal responsable jajaja
    El único personaje que me gustó fue Elizabeth Jane pobrecilla. Los demás eran para ponerlos en el trastero donde no molestasen y con una sábana encima para que no cojan polvo. Al menos nos hemos quitado un Hardy malo ya que creo que a partir de esta novela aparecen las otras con más oscuridad y desesperanza. Esperemos que el próximo Hardy sea mejor.

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