La voz de los Indios

“Ahora conocemos más el centro de Oakland que lo que conocíamos cualquier cordillera sagrada, más las secoyas de las colinas de Oakland que cualquier otro bosque frondoso y salvaje. Conocemos más el sonido de la autopista  que el de los ríos, más el aullido de los trenes distantes que los aullidos de los lobos, conocemos más el olor de gasolina, del cemento líquido y goma quemada que el olor del cedro, la salvia o incluso el pan frito, que no es tradicional, al igual que las reservas no son tradicionales, pero nada es original, todo viene de algo que vino antes, que una vez no fue nada. Todo es nuevo y condenado. Vamos en autobuses, en trenes, en coches a través, por encima de y bajo llanuras de cemento. Ser Indio nunca ha supuesto volver a la tierra. La tierra está en todas partes y en ninguna parte.”

Doble abandono

“Desde la cama miro la terraza desatendida. Se han ido muriendo todas las plantas. ¿Cómo lo hacías, Mauro? No debe de bastar con regarlas. Hablabas con ellas. No lo hacías abiertamente, nunca delante de los demás. Decías que hablar con las plantas era un acto íntimo y transformador, un acto de fe para los que no creen en los milagros. Me levanto, respiro y anoto en la lista: “Aprender a hablar con las plantas”.”

“All her would haves are our opportunities”

“Podríamos cerrar los ojos ante toda esta miseria, pero pensamos en los que nos eran queridos, y para los cuales tememos lo peor, sin poder socorrerlos. En mi cama bien abrigada, me siento menos que nada cuando pienso en las amigas que más quería, arrancadas de sus hogares y caídas a este infierno. Me da miedo el cavilar que aquellos que estaban tan próximos a mí se hallen ahora en manos de los verdugos más crueles del mundo. Por la única razón de que son judíos.”