Irene Oliva Luque supo casi desde el principio que la traducción era lo suyo, pero por avatares del destino decidió escoger el camino largo, una senda que la llevó a estudiar todas las lenguas que pudo y a licenciarse en Traducción e Interpretación, y luego en Filología Inglesa en la Universidad de Málaga, a probar suerte en algún que otro oficio (fue profesora de secundaria durante varios años), y a vivir en distintos países. Solo hay una cosa que no ha dejado de hacer durante todo este tiempo: leer, de todo, y en cualquier lengua que hubiese aprendido. Finalmente recaló en Barcelona, donde cursó el posgrado de traducción editorial de la Universidad Pompeu Fabra y recibió el empujoncito que le hacía falta para dar el salto al mundo editorial y acabar dedicada en cuerpo y alma a la traducción: novelas, ensayos, relatos, cómics, libros infantiles, catálogos de arte y cualquier cosa que se le ponga por delante. De hecho, por aquello de que no solo de libros vive la traductora, también imparte clases de traducción y traduce para instituciones. Sus lenguas de trabajo son el inglés, el italiano y el francés, y lleva publicadas más de setenta obras traducidas de autores como Barbara Pym, Pat Barker, Laura Imai Messina, Antonio Manzini, Marc-Antoine Mathieu, Adam Foulds, Rudolph Wurlitzer, William Dean Howells o Henry Beston.
En Trotalibros Editorial ha traducido Qué verde era mi valle, de Richard Llewellyn (Piteas 39).
